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los telefonos celulares y los tumores de cerebro

 
 
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En el mes de junio de 1999, la Asociación de la Industria de Telecomunicaciones Celulares de los Estados Unidos resolvió proveer información sobre la cantidad de exposición a la radiación de radiofrecuencia proveniente de nuevos modelos de teléfonos celulares. Esto, ciertamente, vuelve a poner sobre el tapete el interés sobre la seguridad de los teléfonos. ¿Los celulares pueden provocar cáncer?

La investigación realizada en animales y seres humanos no ha respaldado la vinculación con el cáncer de cerebro, de acuerdo al trabajo publicado en agosto de 1999 en la revista Spectrum, del Instituto de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos. Los coautores, el bioingeniero Kenneth R. Foster, de la Universidad de Pennsylvania, en Filadelfia, y el radiobiólogo John E. Moulder, del Colegio Médico de Wisconsin, en Milwaukee, escriben que los resultados epidemiológicos no muestran estadísticamente incrementos significativos en el riesgo de cáncer cerebral, una enfermedad que anualmente ataca a seis de cada 100.000 personas en los Estados Unidos. Pero los estudios que se han hecho ahora carecen de la sensibilidad necesaria para detectar aumentos pequeños en el riesgo. El “corpus” de literatura científica también contiene hallazgos controvertidos, incluyendo rupturas en el ADN animal causadas por radiación de frecuencias de teléfonos celulares y una débil asociación entre la localización del tumor cerebral y el costado de la cabeza que las personas usan para escuchar. Pero la confiabilidad de estos hallazgos puede cuestionarse sobre bases técnicas, según los autores.

Aunque la investigación científica no encuentren evidencia persuasiva de que los teléfonos celulares no son peligrosos, esto puede no ser suficiente para convencer al público, según Paul Slovic, profesor de Psicología de la Universidad de Oregón autor de otro trabajo publicado en el mismo número de esa revista. Slovic relata que la gente común, guiada por sus instintos, puede extraer conclusiones muy diferentes de la investigación toxicológica que las que concluyen los científicos. Traza un paralelo con el debate en curso sobre la seguridad de los campos electromagnéticos emanados de los cables de alta tensión. Señala que la gente tiende a preocuparse menos por la seguridad de un artículo útil, como un teléfono celular, y a preocuparse más por algo que no hallan directamente útil, como un cable de alta tensión.

En su artículo, Foster y Moulder también analizan los problemas vinculados con la advertencia emitida en junio de 1999 por un comité gubernamental británico. El dictamen fue que “el balance de la evidencia” está contra una vinculación entre la radiación de radiofrecuencia de los teléfonos celulares y los efectos sobre la salud en la población general. Pero al mismo tiempo recomendó que las compañías de teléfonos celulares desalentaran su uso por niños y que se dieran datos comparativos sobre radiación a los consumidores. “Aconsejar contra el ‘marketing’ de teléfonos celulares a niños da una impresión fuerte de que existe un problema de salud real, contrariamente a las conclusiones del comité gubernamental británico”, escriben los autores. También señalan que no está claro si los datos sobre radiación serían de alguna utilidad a los consumidores, pues muchos de los detalles técnicos no han demostrado relación con el riesgo.

Foster y Moulder escriben que los límites están basados en un efecto potencialmente dañino de la radiación de radiofrecuencia, los cambios en la conducta de los animales causados por excesivo calentamiento del cuerpo, y no sobre datos biológicos de la clase de exposición producida por los teléfonos celulares ni sobre el cáncer. Si el daño de los celulares proviene del calor, escriben los autores, los usuarios no necesitan preocuparse, porque es improbable que la baja salida de energía de un celular lo produzca.

En el mismo sentido concluye el trabajo de Joshua E. Muscat y col publicado en JAMA en diciembre de 2000 luego de analizar estadísticamente en forma comparativa 469 casos de tumor cerebral y su relación con el uso de telefonos celulares, concluyendo que los datos sugieren que no existe asociación entre el uso de estos teléfonos y el riesgo de padecer cancer de cerebro, aunque sugieren continuar el estudio especialmente debido que se necesita tomar en cuenta períodos de inducción prolongados especialmente para aquellos tumores neuronales de crecimiento lento.

Dr. Rodolfo Maino

 
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