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Tags: - - - Manejar y hablar por un celular es una de ellas · Se demostró que, en un caso así, el cerebro no resuelve bien ninguna de las dos actividades · Es porque tiene una cantidad limitada de espacio SANDRA BLAKESLEE The New York Times Especial para Clarín
 

 
 

el cerebro no puede realizar 2 tareas complejas al mismo tiempo

 
 
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Manejar y hablar por un celular es una de ellas · Se demostró que, en un caso así, el cerebro no resuelve bien ninguna de las dos actividades · Es porque tiene una cantidad limitada de espacio. SANDRA BLAKESLEE. The New York Times. Especial para Clarín.

Los científicos tienen malas noticias para quienes creen que pueden manejar un coche con destreza mientras hablan por su teléfono celular. El primer estudio de la actividad cerebral que emplea imágenes de resonancia magnética para comparar lo que pasa en la cabeza de las personas cuando se hacen tareas complejas y se pretende hacer dos cosas al mismo tiempo revela un hecho inquietante: parece ser que el cerebro tiene una cantidad limitada de espacio para dedicar a las tareas que requieren atención. Según los autores de la investigación, cuando una persona intenta manejar en un momento de tránsito denso y al mismo tiempo charlar, su actividad cerebral no se multiplica por dos, sino que la cantidad de actividad cerebral que se dedica a cada una de las tareas disminuye realmente. En consecuencia: quienes hacen en forma simultánea dos tareas que exigen atención no hacen ninguna de las dos igual de bien que como lo harían por separado. El estudio, publicado en la revista estadounidense Neuroimage, fue dirigido por Marcel Just, profesor de Psicología y director adjunto del Centro de Imágenes Cognitivas del Cerebro de la Universidad Carnegie Mellon de Pittsburg (Pensilvania). Aunque la investigación no examinó directamente la actividad cerebral de personas que estuvieran manejando y hablando, sí analizó tareas que se hacen utilizando regiones cerebrales similares. En una siguiente fase, está previsto estudiar el cerebro de las personas que usan un simulador de conducción mientras se les habla. Jordan Grafman, un neurólogo del Instituto Nacional de Enfermedades Neurológicas e Infartos del hospital Betheseda (Maryland), señala que, aunque el estudio no abarca el uso de teléfonos móviles, resulta importante para la política oficial sobre tránsito. "Los legisladores tienen que saber que el intentar hacer varias tareas a la vez tiene un costo", dice Grafman. Por su parte, Christof Kock, catedrático de Biología Cognitiva y Conductista del Instituto de Tecnología de California, afirma: "Sin lugar a dudas, este estudio fue muy bien realizado. Después de todo, cuando uno quiere escuchar algo a fondo cierra los ojos para concentrarse, ¿no?". En los últimos años se hizo posible diseñar mapas de las áreas del cerebro relacionadas con tareas de alto nivel cognitivo: así, ya hay una visión de cómo trabaja el cerebro en actividades como procesamiento de frases, comprensión de párrafos, formulación de estrategias, planificación de varias acciones con anterioridad y evaluación de la incertidumbre. Cuando se realizan estas tareas mentales, los aparatos que obtienen imágenes del funcionamiento del cerebro pueden detectar las áreas que registran mayor actividad. Debido a que el cerebro activo utiliza más oxígeno, se pueden distinguir una serie de puntos calientes sobre un fondo que corresponde a células menos activas. Las regiones cerebrales activas se miden en voxels, un volumen de tejido nervioso del tamaño de un grano de arroz. Cuando una parte del cerebro está trabajando intensamente, se encienden más voxels. Investigaciones anteriores demostraron que cuando una sola zona del cerebro —por ejemplo el cortex visual— se ve obligada a afrontar dos cosas simultáneas (como seguir la pista a dos objetos) se produce menos activación cerebral que cuando se observa una sola cosa cada vez, dijo Just. El nuevo estudio pretendía descubrir si sucedía algo semejante cuando dos tareas muy distintas se realizaban simultáneamente en diversas partes del cerebro. La respuesta en principio no era evidente, según Just. Podía ocurrir que ambas tareas se realizaran de forma independiente y activaran el doble de espacio en el cerebro. O que ambas actividades compitieran por el espacio cerebral y activaran un grupo de células distinto e imprevisible. Just y su gente eligieron dos tareas para el estudio. Una era la comprensión del lenguaje, que se realiza en el lóbulo temporal del cerebro. Para la otra había que hacer girar objetos en el espacio, un proceso que ocurre en el lóbulo parietal. Se escaneó el cerebro de 18 voluntarios mientras realizaban una tarea o ambas. Para uno de los exámenes escuchaban frases complejas como: "Las pirámides eran lugares de enterramiento y son una de las siete maravillas del mundo antiguo", y tenían que decidir si las consideraban verdaderas o falsas. Para la otra prueba se les mostraban distintos pares de figuras en tres dimensiones y debían girarlas mentalmente para decidir si eran o no iguales. Más tarde, los voluntarios intentaron realizar ambas tareas simultáneamente y de forma igualmente concienzuda. Los investigadores confirmaron que ambas tareas se alojaban en partes distintas del cerebro. Así, la tarea del lenguaje, por sí sola, activaba 37 voxels de tejido cerebral, principalmente en las regiones temporales, explica Just. En cuanto a la tarea de girar mentalmente las figuras, también activaba 37 voxels, sobre todo en las zonas parietales. Pero, cuando se realizaban ambas tareas al mismo tiempo, los cerebros de los voluntarios no utilizaban la suma de ambas —es decir, 74 voxels— sino que sólo mostraban 42 de actividad. Todo el mundo tuvo la experiencia de intentar hacer dos cosas al mismo tiempo, como —por ejemplo— manejar un auto e ir hablando con un pasajero, dice Just. Tanto hablar como conducir pueden llegar a convertirse en un acto automático y no exigir mucha potencia mental. Pero cuando un conductor con experiencia se encuentra con un aumento repentino de la dificultad —por ejemplo, surge una discusión en el coche y en ese momento empieza a lloviznar— quien va al volante probablemente interrumpirá la conversación para prestar atención a la ruta. La diferencia entre hablar personalmente y hablar por teléfono está en que el pasajero puede observar que la situación de la carretera cambió y es probable que se calle, añade Just. Pero el interlocutor que está al otro lado de la línea telefónica no ve esos cambios y puede seguir charlando. El uso de un teléfono de manos libres no resuelve el problema de la incapacidad del cerebro para realizar dos tareas complejas al mismo tiempo. Y dado que no es posible prohibir la conversación con otro ser humano en los coches, la única alternativa se basa en la educación. La gente tiene que saber que su cerebro tiene un límite, a pesar de que estén bajo la ilusión de que la realización simultánea de múltiples tareas es la onda del futuro.

Diario Clarín, 25-08-2001, Argentina.

 
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